el canal 98
(la vida, vista desde la cámara del palier de la planta baja)



La Pochi finalmente se decidió, y contrató la TV por cable.

Lamamádelapochi descubrió un canal que la tiene atrapada, y cuenta lo que ve
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viernes, 9 de abril de 2010

Ayer a la hora de la siesta, hubo un batifondo en el departamento de al lado


Ayer a la hora de la siesta, hubo un batifondo en el departamento de al lado.
Yo me había tirado en la cama un ratito, antes de la novela del 9, porque la comida me había caído un poco pesada. La Pochi me había dejado milanesas de soja, que dice que son muy sanas. Así que yo me las preparé a la napolitana, y ya que estaba, me hice unas papas fritas y un par de huevos fritos. Pero me parece que lo que me hizo mal fue la mayonesa, porque como no había lait en el chino, la Pochi compró de la común.
La cuestión es que justo cuando me estaba por quedar dormida, empezaron a los gritos en el departamento de al lado. Parecía que el que gritaba era un hombre, pero como no se entendía bien, agarré el vaso que tengo en la mesita de luz para poner la dentadura, y lo apoyé contra la pared para escuchar mejor. Eso sí: con el oído derecho, que tengo el audífono.
-¡Atorranta!, gritaba el hombre, y se escuchaba a una mujer que lloraba
-¡Arrastrada!, le decía el tipo, y ella lloraba más fuerte
-¡Un día que vuelvo más temprano y me encuentro con ésto!, y la otra dale que dale al llorisqueo. De repente se escuchó un portazo, y unos golpes justo en la pared donde yo tenía apoyado el vaso.
Así que me fuí para el comedor, porque si hay algo que no me gusta, es andar metiéndome en la vida privada de los vecinos.
Prendí la tele, y puse el 98, para ver si seguían con esos concursos tan entretenidos, pero resulta que lo que estaban pasando parecía uno de esos programas que dan en ese canal encodificado que contrató la Pochi. Había un muchacho, totalmente desnudo, que pasó corriendo por el estudio. En la puerta de vidrio se cruzó con una viejita que entraba, que cuando lo vio de frente le hizo una sonrisa. El muchacho salió a la vereda, y mientras se tapaba las partes con una mano, con la otra le hizo señas a un taxi.
Parece que el taxista al principio no lo quería llevar, porque el muchacho se quedó un rato conversándole asomado a la ventanilla, con el culo asomado para afuera. Pero se ve que al final lo convenció, porque se subió al taxi, y se fueron.
La viejita, que se había quedado mirando todo, se empezó a apantallar la cara con el monedero.
Para mí que le subió la presión.

sábado, 6 de marzo de 2010

A la Pochi la tienen a los saltos, en el Ministerio


A la Pochi la tienen a los saltos, en el Ministerio
Desde que está de secretaria del Subsecretario, la llaman a cualquier hora, y tiene que salir apurada.
Anoche le sonó el celular como a las once de la noche, y al ratito se fue. Me dijo que era por una reunión urgente.
Yo me desvelé, y puse el canal 98. Estaban dando de nuevo esa serie de la mujer que se anda toqueteando con el del auto lujoso. Pero la agarré justo cuando el auto arrancaba y se iba.
Entonces me puse a mirar la puerta del costado, que tiene el cartel con los números arriba.
Al rato, el cartel empezó a cambiar de número solo, sin que entrara nadie por la puerta: cero, uno, dos, tres, así hasta el seis.
Enseguida, otra vez los números para abajo: seis, cinco, cuatro, ecectera, hasta el cero.
Entonces, salió un tipo por la puerta. Se ve que sigue el programa de entretenimientos, y el tipo debe haber estado ahí adentro desde temprano, pero parece que la prenda que le había tocado no la pudo hacer, porque perdió todos los puntos que había ganado, y debe haber quedado descalificado, porque salió por la puerta de vidrio del estudio, y se fue. Cuando pasó enfrente de la cámara, le vi la cara, y me hizo acordar al del 6º B, que atiende una farmacia, y cada tanto le toca trabajar de noche.
Al ratito, llegó un muchacho joven, musculoso, muy buen mozo. Se paró frente a la puerta de vidrio, sacó el celular y mandó un mensajito. Seguro que era otro participante
Entonces, el cartel de arriba de la puerta, se puso él solo a sumar puntos de nuevo: cero, uno, dos, y así, ¡otra vez hasta el seis!
Ahí me  despabilé del todo, así que presté mucha atención: ni bien había llegado al seis, el cartel empezó a descontar puntos. Cuando llegó al cero, se abrió la puerta, y salió una señora en deshabillé. No me dí cuenta cuándo había entrado, pero se ve que a ella tampoco le salió bien la prenda que tenía que hacer. Aparte, qué informal, ¡presentarse en un concurso de la tele vestida así nomás, de entrecasa!
La cosa es que la señora fue hasta la puerta de vidrio, le abrió al muchcho musculoso, y se metieron los dos juntos en la puerta de las prendas. Se ve que es uno de esos concursos donde se puede pedir ayuda a algún pariente, o amigo. Éste no sé bien si era parienrte o amigo, porque antes de cerrar la puerta me pareció que la estaba agarrando del culo.
Pero parece que el muchacho venía más`preparado para el concurso, porque ahí empezó a subir la cuenta de nuevo. Otra vez llegaron a los seis puntos.
Por un rato largo no pasó nada. Yo digo que el director del canal tendría que darle un poco más de ritmo a los programas. No sé, poner un número musical en el medio, o algo.
Resulta que con el aburrimiento me quedé dormida, y cuando me volví a despertar habían pasado como dos horas. Por suerte, pesqué el final del concurso: el cartel de los puntos otra vez empezó a bajar, llegó a cero, y ahí salieron los dos. Al final, perdieron todos los puntos que habían ganado. Para mí que las prendas deben ser muy difíciles.
Por eso se ve que hay como un repechaje, porque la mujer lo acompañó al muchacho hasta la puerta de vidrio, lo despidió y se volvió a meter en la puerta de los puntos.
A esta también le vi cara conocida. Es casi idéntica a la del 6º B, la mujer del farmacéutico.